Hay perros que llegan al refugio con una mochila que no se ve. Melon es uno de ellos.
Tiene apenas 2 años y medio y apareció vagando por la calle. Nadie preguntó por él. Nadie lo echó de menos.
Es un perro bueno, cariñoso y con muchísimas ganas de conectar con las personas. Tantas, que cuando ve a alguien la emoción le puede. Esa ansiedad no nace de la nada; probablemente nunca tuvo la estabilidad, la atención ni el tiempo que cualquier perro merece.
Necesita una familia activa, dispuesta a enseñarle que la vida no siempre tiene que vivirse con prisas. Que los paseos se disfrutan, que las personas no desaparecen y que un hogar puede ser para siempre.
No buscamos a alguien que quiera un perro perfecto. Buscamos a alguien que quiera cambiarle la vida.
Porque estamos seguros de que, cuando aprenda a confiar, él también cambiará la de quien decida darle una oportunidad
¿Te animas a conocerme?